Cuando se piensa en Bávaro o en Punta Cana, uno imagina las playas de arena blanca y los hoteles todo incluido. Pero, a una hora de esas postales, un día a día muy diferente marca las jornadas de Nieve y de algunos voluntarios. En Higüey, capital de la provincia La Altagracia, voluntarios trabajan cada día para preparar el futuro de niños a quienes la vida no ha perdonado, pero que aquí encuentran una segunda oportunidad.
Un mundo mejor para la niñez desamparada: un orfanato nacido de la voluntad de actuar

Todo comenzó hace 25 años, en las calles animadas de Bávaro. Cada día, un taxista se encontraba con el mismo y triste espectáculo: niños que deambulaban entre los coches, pidiendo unos pesos para alimentarse.
Pero en lugar de quedarse indiferente, este chofer de gran corazón decidió actuar y formar un grupo para lograr lo imposible: ofrecer un techo a esos niños de la calle.
Lo que al principio era solo una intención se convirtió en un verdadero proyecto. Gracias a la voluntad de ocho voluntarios solidarios y al apoyo de algunos donantes, el 27 de febrero del año 2000 el orfanato abrió sus puertas para recibir a sus primeros residentes.
Veinticinco años más tarde, más de cien niños han cruzado el umbral del orfanato. Marcados por el hambre, el miedo, el dolor o el abandono, todos encontraron entre estos muros protección, escucha y, sobre todo, un nuevo comienzo.
Una misión sin apoyo del Estado
En República Dominicana no existen estructuras públicas para los huérfanos. Todo descansa en fundaciones privadas y en la dedicación de voluntarios.
Al igual que otros centros del país, Un mundo mejor para la niñez desamparada no recibe ninguna ayuda estatal.
Los recursos de la fundación provienen esencialmente de donaciones privadas —a menudo vinculadas a la zona turística de Punta Cana— y de STCH Ministries, una organización benéfica cristiana sin fines de lucro cuya misión es apoyar a los niños, las familias y las comunidades vulnerables a través de diversos programas.
El día a día de los niños del orfanato

El orfanato acoge únicamente a varones de 2 a 18 años, víctimas de abandono o maltrato.
Su vida sigue una rutina bien organizada. El despertador suena a las seis, y después del desayuno, a las siete, un antiguo alumno del centro los lleva a la escuela de Higüey en el autobús de la fundación. Al mediodía termina la jornada escolar. Los niños regresan a almorzar, disfrutan de un momento de descanso y luego dedican la tarde a las tareas escolares con la ayuda de una profesora. Después vienen una o dos horas de juegos, antes del aseo, la cena y el descanso nocturno.
A menudo, los recién llegados presentan un importante atraso escolar. Antes de su ingreso, muchos habían perdido años de clases por negligencia o violencia parental. Para brindarles la mejor educación posible, cada sábado una profesora acude a la fundación para impartir clases de inglés.
Una carencia económica constante en la fundación
A pesar del compromiso de los donantes y la dedicación de los voluntarios, las necesidades siguen siendo enormes. El centro enfrenta una carencia económica constante: falta de alimentos, de productos de limpieza e higiene, de fondos para reparar y mantener los edificios y el autobús.
Las infraestructuras ofrecidas por STCH Ministries (edificios y autobús escolar) requieren mantenimiento y combustible, cargas pesadas para la fundación. Además, la fosa séptica del centro debe ser reemplazada. Un costo desmesuradamente alto para una fundación que apenas logra reunir algunos pesos para comprar meriendas a los niños…
Nieve, el pilar del orfanato
Desde el primer día, una figura encarna la perseverancia del orfanato: Nieve. Contadora de profesión, la voluntaria ha dedicado los últimos 25 años de su vida al centro, combinando la gestión cotidiana del orfanato, su trabajo cada mañana y su rol de madre.
Preparar el futuro de los niños
El objetivo del orfanato no es solo dar techo y alimento a los niños. Sobre todo se trata de prepararles un futuro, ayudarlos a conseguir un empleo y a volverse independientes.
El centro se niega a dejar a los jóvenes a los 18 años sin acompañamiento. Para ello, los pone en contacto con empresas locales a fin de ofrecerles una primera oportunidad profesional. En la zona de Bávaro-Punta Cana, orientada en gran parte al turismo, no es raro que un joven encuentre empleo en un hotel. La idea es clara: dar a los muchachos los medios para construir una vida digna y autónoma.
Contribuir a este mensaje de esperanza

En 25 años, el orfanato Un mundo mejor para la niñez desamparada se ha convertido en un faro de esperanza para niños abandonados a su suerte. A pesar de la ausencia de apoyo público y de la falta crónica de recursos, la solidaridad local y el compromiso de los voluntarios ofrecen a estos muchachos mucho más que un techo: una familia, educación y la oportunidad de construir su futuro.
Y cualquiera puede contribuir a esta misión. Las personas que se encuentran en la zona pueden acudir directamente a la fundación con alimentos (arroz, frutas y verduras, conservas, galletas para la merienda…), productos de limpieza e higiene (detergente, jabones, pasta dental, champú, etc.). Quienes no puedan desplazarse pueden hacer un donativo en línea. El dinero se deposita directamente en la cuenta del orfanato.